Sanidad

Qué sería de nuestras vidas sin seguro médico en USA.Ejemplo práctico 2

Nuestro primer chequeo en USA. A la vista, un acto rutinario, monótono donde los haya. En la práctica, tan apasionante como probar tu primera calada de cigarro que luego detestarás. Pero es que cuando vives en un país tan tremendamente distinto, la emoción y el hastío a veces van parejos.

En realidad, se trataba de una revisión médica de “por si acaso”, más relacionada con la precaución del emigrante que de una razón sanitaria en sí.  Edith y Rodrigo, nuestros vecinos y sobre todo amigos, nos aconsejaron hacerlo así. Gracias a ellos ahora lo recomiendo igualmente al resto de personas recién llegadas, ya que la primera visita implica pequeño trabajo previo que es mejor realizarlo estando al 100%, en vez de tener que enfrentarse a ello por primera vez dando palos de ciego, febril o con un miembro fracturado.

En esta primera consulta, al tratarse del “estreno” con el seguro, evitas el copago de 20 dólares, pero en las posteriores consultas, aunque sea un sarpullido en una nalga, deberás pagarlo. Aunque bien es cierto que determinadas nimiedades son solucionadas on line a través de correos electrónicos, lo que ahorra tiempo y dinero a todos.

Abrimos en domingo

El primer chequeo rutinario, además de incluir realizar un resumen bíblico de tus antecedentes e historial de vacunas, por supuesto llevaba consigo los análisis de sangre. En ese momento no nos venía muy bien, de ahí que nos dieran la posibilidad de realizarlo en diferentes centros sanitarios, días y horarios, incluyendo fines de semana.

Así que ahí nos plantamos, un domingo en el hospital para unos análisis (Sí, nosotros somos de esos que a veces amortizaban El Corte Inglés los domingos cuando abría en Zaragoza…).

Entramos a la zona de análisis. A tope, cual matadero en hora punta, pero obviamente con higienización impoluta y extrema propia del lugar. Por cada paso que das, encuentras un bote de gel antiséptico pegado a la pared. Es una obsesión. Se asemeja más a la recepción de un hotel de los 80 que a un hospital en sí.

Coges turno tipo frutería, y nada más entregar tu tarjeta, imprimen la analítica requerida por el médico.

Ahora pasas a la sala de “banderilleros”.

Allí te encuentras con una habitación dividida en pequeños compartimentos separados por mamparas y sillones giratorios en cada una de ellas. Detrás, el personal de enfermería. Parecían esos salones de manicura que ahora plagan el planeta.

Un sillón libre. Me acerco y comienza el proceso que conocéis de sobra.

“¿Cuánto tardarán los resultados más o menos?”, pregunto por romper algo el silencio incómodo. “En torno a uno o dos días, dependiendo”, contesta la enfermera. “Ok. ¿Y se lo envían directamente al médico entonces? Es que soy nueva sabe…”. “Sí. No te preocupes que te enterarás. Ya está. Presiona aquí”, me indica acercándome un algodón y tirita- “…ya estás lista”.

Salgo y espero a Diego. Bien, parece que no ha palidecido a pesar de su aversión a las agujas.

Ahora queda el mejor momento. El almuerzo (brunch aquí) obstructor bascular. Eso sí, buenísimo, con zumo de naranja natural y todo.  Había que aportar el toque sano tan propio de Silicon Valley. Sin duda, la mejor parte de los análisis de sangre.

Resultados express

Ese mismo día, el zumbido del móvil interrumpe nuestra siesta dominical.

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Era un correo electrónico de mi seguro médico con los resultados de la analítica. Apenas habían pasado 8 horas desde que extendí el brazo a la enfermera para ponerme la goma yonki. A los minutos el zumbido replica en el móvil de Diego por la misma razón.

“¡No me lo creo! Esto es alucinante. Qué bien funcionan”, responde entusiasmado Diego. Yo, que soy más puntillosica y aclaro: “Hombre, después de lo que se paga por el seguro…”

No obstante, he de reconocer que la rapidez valía una perplejidad positiva, máxime cuando al día siguiente por la mañana, nuestro médico de cabecera nos contesta en relación a los mismos y despidiéndose “hasta la próxima”.

El “zasca” llega al mail

Ya ha pasado una semana desde nuestros análisis, y como cada día, abrimos nuestro buzón. Por lo general o lo encuentras vacío o vomita papel. El contenido se clasifica en 3 tipologías: la publicidad feroz que llena a continuación los cubos de reciclaje, los documentos más importantes de tu vida en USA que llegan ¡por correo ordinario!, o las facturas.

Allí, entre el montón, una carta de nuestro seguro. “Será una carta de bienvenida”, pensé. Pero no, era una factura. Más concretamente, una factura en referencia a lo que debíamos exclusivamente por los análisis de Diego.

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¡¡Debemos 247 dólares!!

Llamamos rápidamente al seguro. Efectivamente todo se debió a un “problema informático” por el cual Diego no estaba registrado y la factura se había emitido dirigida a un “no asegurado”. No obstante, al precio total erróneo le habían aplicado un descuento de “primera visita” (casi la mitad del presupuesto), para engancharle. Con estos precios, ¡como para no hacerlo!

“Entonces, ¿éste es el precio que tendría que pagar de los análisis en caso de que no estar asegurado?”, se cerciora Diego. “Sí, exactamente señor, pero no se preocupe. Ya está solucionado”.

Y he aquí cuándo te preguntas qué sería de ti sin seguro… Y qué es de esos que deambulan sin seguro.

Aclaración: lo expuesto aquí es un caso personal que puede variar sustancialmente en función de empresas, localizaciones, grados de aseguramiento y características del servicio. No tomar como referencia/tarifa común en Estados Unidos, puesto que puede haber lugares con costes más económicos o localizaciones con presupuestos aún más caros. 

Previo post sanitario:

Próximos post “sanitarios”:

  • Ejemplo 3: coste de los servicios dentales sin seguro
  • Ejemplo 4: coste del seguro privado en Estados Unidos y por qué hay gente que no tiene seguro

English version

How our lifes would be without health insurance in US. EXAMPLE 2

Our first medical in US. In outline, a routine, monotonous act. In practice, as exciting as tasting your first cigarette that afterwards you will detest. But when you live in such a different country, emotion and boredom sometimes go even.

It was a “just in case” check-up”, more related to the precaution of the emigrant than for sanitary reason per se. Edith and Rodrigo, our neighbors and especially friends, advised us to do so. Thanks to them now I recommend it to other people as well, since the first visit implies small previous work that is better to get done previously when you are 100%, instead of having to face it for the first time with fever or with fractured limb.

In this first medical, when dealing with the “premiere” with insurance, you avoid the $ 20 co-payment, but in subsequent consultations, even a rash on your butt, you must pay. Although it is true that certain trifles are solved online through emails, which saves time and money to all.

 We open on Sunday

The first routine checkup, in addition to including a biblical summary of your background and history of vaccines, of course carried the blood tests. It wasn’t good moment for us, so they gave us the possibility of doing it in different health centers, days and times, including weekends.

So we came over at the hospital one Sunday for some blood tests (Yes, we are those who sometimes amortized El Corte Ingles, our Macys, on Sundays when it opened in Zaragoza.  That is because usually in Spain every store use to be closed).

We approach to the test area. Full to the brim, like a slaughterhouse in rush hour, but obviously with unpolluted and extreme sanitation. In fact, it seems more like the reception of a hotel from the 80’s than a hospital itself. Every step you take, you will find a bottle of hand sanitizer stuck to the wall. It’s an obsession.

You just take your turn like a Spanish veggie grocery, and once you wait a little bit, you show them your health insurance card and they print the analytics required by the doctor.

Now you go to the “banderilleros*” room (Figuratively way of calling a nurse, comparing them with a kind of bullfighter that sticks a sharp bar into the bull. Something that, by the way, I detest).

There you find a room divided into small compartments separated by screens and swivel chairs in each of them. Behind, the nursing staff. They looked like those manicure rooms that now plague the planet.

A free chair. I approach and begin the process that you know perfectly.

“How long will the results take, more or less?” I ask for breaking the awkward silence. “About a day or two, depending,” the nurse says. “Okay. And they send it directly to the doctor then? It’s just that I’m new so… “. “Yes. Do not worry that they will let you know. Done. Press here”, she tells me, pulling me a cotton ball and shivering -” … you’re ready”.

I go out and wait for Diego. Well, it seems he has not paled despite his aversion to needles.

Now is the best time. An obstructive-vein brunch. Great, with natural orange juice, the healthy touch so typical of Silicon Valley. Without a doubt, the best part of the blood tests.

Express results

That same day, the buzz of the cellphone interrupts our Sunday nap.

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It was an email from my health insurance with the results of the blood test. It had barely been eight hours since I extended my arm to the nurse to wrap it with that the junkie gum. Minutes later, the buzz replica in Diego’s mobile for the same reason.

“I do not believe it! This is awesome. How well they work”, responds enthusiastically Diego. I, much touchier, clarify: “Man, you are paying a lot for the insurance… It should worth that! ”

However, I must admit that speed was a positive perplexity, especially when the next day in the morning, our family doctor answers us in relation to the results and saying goodbye “until the next.”

A “bang” reaches the mail

It’s been a week since our analysis, and as every day we open our mailbox. Usually you either find it empty or vomiting paper. The content is classified into 3 types: fierce advertising that then fills the recycling trash cans, the most important documents of your life in the USA that arrive by ordinary mail (!), or bills.

There, among the pile, a letter from our insurance. “It will be a welcome letter,” I thought. But no, it was an invoice. More specifically, a bill in reference to what we owed exclusively for Diego’s blood test.

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We owned $247!!

We called the insurance quickly. It was all due to a “technological problem” for which Diego was not registered and the invoice had been issued addressed to an “uninsured”. However, to the wrong total price they had applied a discount of “first visit” (almost half of total price), to hook him to purchase an insurance. With these prices, of course it’s worth it…!

“So, is this the price that I would have to pay for the blood test s in case I am not insured?”, Diego asked for clarification. “Yes, exactly sir, but do not worry. Already solved”.

And here’s when you wonder how your life would be without insurance … And what about those who wander around without insurance.

Clarification: The case above is a personal case that can vary substantially depending on companies, locations, insurances and service features. Do not take it as a unique and common reference rate in US, since there are maybe places with lower costs or locations with even more expensive budgets.

 

Previous post related:

– Example 1: Delivering a baby

Next posts related:

– Example 3: Cost of dental services without insurance

– Example 4: Cost of private insurance in the United States and why there are people who do not have insurance

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