Tecnología

¿Escuela de programación gratis en Silicon Valley? Sí, existe

Hace año y medio escribí sobre Anastasia y su particular “Juegos del Hambre” en Silicon Valley (recomiendo leer post completo aquí). Se trataba de un reto en forma de taller de programación en el que,si los participantes superaban sus pruebas semanales, llegarían a ser recompensados para acceder a “42 School”, una escuela de código atípica en Bay Area (Fremont, California).

Su base: educación gratuita en lenguajes de programación basada en un sistema colaborativo entre estudiantes. Los libros de texto, los profesores, y las deudas universitarias desaparecen del algoritmo de aprendizaje tan común en el sistema estadounidense.

Afortunadamente, y tras un mes incomunicada por el sacrificio, Anastasia aprobó y ya, con un año de andadura en la escuela, ha conseguido sus primeras prácticas en una empresa tecnológica gracias a la intermediación de esta peculiar academia.

Educación adaptada al mercado

“42 School” cuenta con un edificio discreto en cuanto a su exterior y fachada. Sin embargo, el interior reluce al estilo “empresa tecnológica de la Bahía”: minimalista con ligeros toques retro, diáfano, sin compartimentación, con imponentes cristaleras que iluminan hasta el más mínimo rincón, escondrijos para algunas cajas de Soylent, pizarras inefables, y una cosecha de ordenadores Apple inundando cada mesa.

42school2

Su apariencia combina igualmente con el sistema de aprendizaje: simple, pero práctico y efectivo.

“Prácticamente el 100% del conocimiento a día de hoy es accesible públicamente en la red. De ahí que podamos aprender sin necesidad de un sistema tradicional”, explica Anastasia. “La escuela nos va dando proyectos que debemos solventar. Así, investigando y de manera práctica a través de estas tareas aprendemos por nosotros mismos”, expone con una claridad creíble.

“Pero, ¿y si no localizas algo o tienes dudas de comprensión?”, pregunto.

“Cuento con otros estudiantes. Quedamos y entre todos trabajos en comprender dónde está la dificultad o solicitamos ayuda de niveles superiores. De hecho, son ellos también los que evalúan tu trabajo.  Es un sistema colaborativo”, matiza. “Los alumnos son perfectamente capaces de resolver mis dudas y analizar mi conocimiento, a la vez que yo soy capaz de ayudar a otros en niveles inferiores”, puntualiza Anastasia. “Resulta sorprendente verte a ti mismo explicar a un compañero un concepto que antes ignorabas, lo que demuestra que sí, aprendes y comprendes”, explica con una satisfacción evidente.

Conforme me explica el sistema a través de su plataforma, el vocabulario comienza a hacerse más complejo, y las explicaciones más abstractas. A continuación en su escritorio sólo atisbo un fondo negro lleno de números y letras, sumergiéndome cada vez más en mi analfabetismo tecnológico, mientras a Anastasia le crece el entusiasmo de explicar el algoritmo programado que calcula el trayecto más corto entre Ucrania y París.

El voluntariado, pieza clave de la escuela

Por entonces aparece en escena Meo, una estudiante que ejerce de voluntaria en el centro y que se ofrece a realizarnos un tour gratuito por las instalaciones.

El voluntariado en “42 School” resulta vital en el funcionamiento del centro, la programación de actividades, la ayuda a los novatos recién llegados, y la promoción del centro. Obviamente cuentan con personal propio para tareas de control y supervisión, pero pueden contarse con los dedos de una mano. Todo se basa principalmente en un sistema comunitario, de lo que es fácil prever que, para que todo funcione, se precisa de gente entusiasta y proactiva como Meo.

Junto a ella y Anastasia recorremos algunos proyectos con los que tropiezas esporádicamente.

“Esto es una idea de coche teledirigido con sistema de self-driving car que intentamos implantar para sacarlo a ser posible antes de Navidad”, comenta entusiasmada. “Y lo que ves aquí es un proyecto de agricultura horizontal, en donde hemos diseñado una web que procesa los datos en crudo y controla el sistema de riego”. Estos son sólo algunos de los proyectos visibles entre los que la realidad virtual y la inteligencia artificial también tienen cabida en sus cabezas.

proyecto selfdriving car

Mini Self-driving car en el que trabajaban los estudiantes.

Cada uno de ellos es realizado por los propios estudiantes, unas veces a través de técnicas de gamificación, otras por demanda de empresas privadas que precisan de su colaboración, o simplemente por el deseo de emprender y conocer nueva gente con la que trabajar.  No hay contrato de patentes, ni comisiones absorbidas por la escuela en caso de que una idea pueda venderse.

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Además, la escuela y los voluntarios realizan también talleres infantiles para que los pequeños de la casa aprendan lenguajes de programación a través del juego, como por ejemplo Ruby.

Despreocuparse del coste de matrícula

Su gratuidad contrasta con el coste educativo estadounidense, en donde obtener un grado puede alcanzar entre los 17,644 dólares/año (matriculación en universidad estatal) y los 60,000 dólares/año (matriculación en universidad privada).

No es el único ejemplo, ya que las academias tecnológicas en Silicon Valley crecen como setas, con costes de un curso especializado en Java que puede alcanzar los 4,000 dólares por tres meses de enseñanza.

Obviamente la ausencia de coste siempre ha implicado ciertas limitaciones: la escuela no cuenta con reconocimiento académico oficial estadounidense (al terminar obtienes un certificado de participación, pero no un grado) y ello, a su vez, conlleva el hecho de que no pueda respaldar el proceso de emisión de visados para estudiantes internacionales, así como su promoción en el ámbito académico formal.

A ello se une una falta de conocimiento de la iniciativa, nacida en Francia a través de un empresario que en determinados aspectos podría denominarse el “Steve Jobs galo”, pero con el que el público estadounidense está menos familiarizado.

Igualmente, la escuela no ofrece un campus al uso, común en el sistema universitario y en donde el ámbito deportivo juega un importante papel.  Sin embargo, “42 School” sí cuenta con amplio parking, así como una completa residencia en la que, en función de la ocupación y la demanda, permiten residir a los estudiantes por un año si cumplen un plan formativo más comprometido en plazos y proyectos.

Dicha residencia cuenta con habitaciones compartidas con dos camas, gimnasio, habitación de escalada, salita de cine con proyección, y comedor de acceso a todos estudiantes con módicos precios (6 dólares).

También cabe destacar que la escuela posee una amplia red de contactos que facilita la posibilidad de realización de prácticas, y posteriormente posibles contrataciones, lo que refuerza su carácter práctico.

Entrada escuela

Una de las entradas de la escuela, situada en Fremont.

El número de matriculados el día de mi vista era 500, una cifra que seguro se ha incrementado con la entrada de nuevos estudiantes, ya que los novatos eran esperados con entusiasmo en una semana. Unos novatos que, en caso de superar las pruebas, tendrán la oportunidad de acceder a un sistema educativo cuan menos inquietante y solidario, máxime teniendo en cuenta que se desarrolla en un país en el que la educación es un privilegio pagado por décadas por los estadounidenses.

Obvio que no ofrecerá una temática estipulada por el sistema académico estadounidense. Tampoco cabe asegurar que se tratará de un sistema mejor que el universitario, pero tampoco implica que peor. Sin embargo, casi sin ninguna duda, lo que sí parece ofrecer es un sistema adaptado perfectamente al mercado laboral y en donde la iniciativa personal y de autoaprendizaje y el aprendizaje grupal de los estudiantes será lo más sobresaliente teniendo en cuenta el sistema implantado.

Ahora sólo queda dejar en manos del empresario en función de sus preferencias y necesidades.

English version 

Is there a free programming school in Silicon Valley? Yes, there is

Year and a half ago, I wrote about Anastasia and her particular “Games of hunger ” in Silicon Valley (I recommend to read full post here). It was a challenge in the form of a programming workshop in which, if participants overcame their weekly tasks, they would be rewarded to access “42 School”, an atypical school of coding.

Its basis: free education in programming languages based on a collaborative system among students. Textbooks, professors, and university debts disappear from the algorithm so common in the American education system.

Fortunately, and after a month isolated, Anastasia approved and already, with a year of career in school, has achieved her first internship in a tech company through the intermediation of this peculiar academy.

Education adapted to the market

“42 School” has a discreet building in terms of its exterior and façade. However, the interior shines in the style of “IT company of the Bay”: minimalist with light retro touches, diaphanous, without compartmentalization, with imposing windows that illuminate even the smallest corner, hiding places for some boxes of Soylent, unreadable boards, and a harvest of Apple computers flooding each table.

42school2

Its appearance also matches with the learning system: simple, but practical and effective.

“100% of knowledge today is publicly accessible on the Internet. That is why we can learn without needing a traditional system “, explains Anastasia. “The school is giving us projects that we have to solve. Thus, researching and applying this knowledge in a practice way through these tasks, we learn by ourselves, ” she explains with credible clarity.

“But, what if you do not locate something or if you have doubts of understanding?” I ask.

“I have other students. We all work to understand where the difficulty is or we request help from higher levels. In fact, other students are the ones who evaluate your work. It is a collaborative system, “, she says. “The students are perfectly capable of solving my doubts and analyzing my knowledge, while at the same time, I am able to help others at lower levels”, Anastasia points out. “It is surprising to see yourself explain to a partner a concept that you previously ignored, which shows that yes, you learn and understand,” she explains with obvious satisfaction.

While she tries to explain different languages and how they developed some projects through coding, the vocabulary begins to become more complex, and the explanations more abstract. Right after I just see only a black background screen full of numbers and letters, submerging me more and more in my technological illiteracy. Meanwhile, Anastasia is exultant explaining the algorithm programmed to work out the shortest route from Kiev to France.

Volunteering, a key part of the school

Suddenly, Meo, a student who works as a volunteer at the center, come over the scene and she offers to give us a free tour around the facilities.

Volunteering at “42 School” is vital in the operation of the center, the scheduling of activities, the help to newcomers, and the promotion of the center. Obviously, they have their own employees for control and supervision tasks, but they can be counted on the fingers of one hand. Everything is based mainly on a community system, so it is easy to foresee that, in order to work properly, enthusiastic and proactive people like Meo are needed.

Together with her and Anastasia we go through some projects that you can encounter sporadically.

“This is an idea of a remote-controlled car with a self-driving car system that we try to implement to get it out before Christmas,” she enthuses. “And what you see here is a horizontal agriculture project, where we have designed a website that processes raw data and controls the irrigation system.” These are just some of the visible projects among which virtual reality and artificial intelligence also have a place in their heads.

proyecto selfdriving car

Mini Self- driving car students were working on.

Each of them is done by the students themselves, sometimes through gamification techniques, others by private companies that require their collaboration, or simply by the desire to start and meet new people to work with. Neither patent contract nor commissions absorbed by the school in case an idea can be sold.

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In addition, the school and volunteers also hold children’s workshops so that kids can learn programming languages through games, such as Ruby.

No worries about tuitions

Its free of charge contrasts with the US educational cost, where obtaining a degree can reach between $ 17,644 / year (enrollment in a state university) and $ 60,000 / year (enrollment in a private university).

It is not the only example, since the technological academies in Silicon Valley grow like mushrooms, with costs of a specialized Java course that can reach $ 4,000 for three months.

Obviously, lack of cost has always implied certain limitations: the school does not have official US academic recognition (when you finish you get a certificate of participation, but not a grade) and this entails the fact that 42 can not back the visa issuance process for international students.

Besides, there is a little bit of unawareness of the initiative, born in France through an entrepreneur that in certain aspects could be called the “French Steve Jobs”, but which the American public is less familiar with.

Equally, the school does not offer a campus, common in the university system and where the sports field plays an important role. However, “42 School” does have a big parking, as well as a complete residence in which, depending on occupation and demand, students can reside for a year if they fulfill a more committed training plan in terms of time and projects.

These dorms have shared rooms with two beds, gym, climbing room, cinema room, and dining room for all students with meals at modest prices (6 dollars).
It is also worth mentioning that the school has a wide network of contacts that facilitates the possibility of getting internships, and subsequently possible hiring contracts, which reinforces its practical nature.

The number of students enrolled on the day of my visit was 500, a figure that has surely increased with the entry of new students, as the rookies were eagerly awaited in a week. Some beginners who, if they pass the tests, will have the opportunity to access an educational system that is exciting and supportive, especially considering that it takes place in a country where education is a privilege paid for decades by the Americans.

Entrada escuela

42 School is located in Fremont.

Obvious that it will not offer material stipulated by the American academic system, but that doesn´t imply that is going to be worst or better than University system.

However, almost without any doubt, what it seems to offer is a system perfectly adapted to the labor market and where the personal initiative and self-learning / group learning of students will be the most outstanding taking into account of this learning system.

Now it is up to the job market, businessmen, and its preferences.

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