Carne de hemeroteca

Rosita Ortiz, la esposa del premio gordo

Carne de hemeroteca es una sección del blog que trata noticias de periódicos californianos relacionadas con España. Su intención es descubrir historias, personajes o contextos de nuestro país a través de la prensa americana.

This is a blog’s section that treats Californian new items related to Spain. The purpose is to find out stories, characters and context of our country through the American press. 

Periódico/Newspaper: San Francisco Call

Fecha/Date: 22 julio, 1906 / July 22th, 1906

Si hay algo que me gusta en “Carne de Hemeroteca” es descubrir este tipo de historias de España a día de hoy surrealistas.

Esta pieza de 1906 en “The San Francisco Call” narra la historia de cómo Rafael Alsina, un pudiente sevillano del barrio de Triana, encuentra esposa, la lavandera Rosita Ortiz, por un cúmulo de circunstancias que podrían resumirse en “ganar el premio Gordo de la lotería nacional”.

Resumen: un rico sevillano, caracterizado por su solidaridad con los más necesitados, recibe a dos lavanderas en su palacio. Éstas le solicitan 200 pesetas para poder dar a otra compañera que ha enviudado y que debe mantener a su prole.

rafaelExtrañado de que la misma no hubiera ido a pedirle dicha cuantía, el señor Alsina pregunta el porqué. Ellas aclaran tenazmente que, de acuerdo a su compañera, la belleza y juventud atraen más dinero, siendo ella bastante mayor para conseguir dichos objetivos.

Tras ese toque de humor y sabiduría de la viuda en los negocios, el señorito andaluz les dona 300 pesetas y les dice que comprará un billete de lotería en compensación por ser tan buenas recaderas. “Coged a las 5 lavanderas más bellas de Sevilla y, si toca la lotería, distribuiré el premio entre todas ellas”, promete.

Lo impensable ocurrió y, tras reunirse con las cinco elegidas en su palacio, cumplió su promesa. Alagadas por su nobleza y altruismo, todas ellas le ofrecen entrar en un sorteo para ver cuál podría ser su mujer.

No obstante, la premiada realmente desistió al no reconocerse en un ambiente tan distinguido, cediéndole el puesto a Rosita Ortiz, una de las 5 más bellas lavanderas de Sevilla.

Traducción de la noticia

Un rico español gana una esposa por lotería

Se casa con una guapa lavandera

SEVILLA, 21 de julio. Muchos hombres, de una manera u otra, consideran el matrimonio como una lotería, pero raramente existen hombres que lo hayan aplicado de la misma manera que lo hizo Rafael Ansina.

Don Rafael es un hombre pudiente que recientemente ganó el premio de la lotería nacional, dividiéndolo entre 5 chicas que habían sido elegidas previamente por votación, y posteriormente volvió a recurrir a otro sorteo para determinar con cuál de ellas debería casarse.

Don Rafael Alsina vive en un estiloso antiguo palacio en el popular barrio de Triana en Sevilla. Junto con dicho palacio heredó también una gran fortuna duplicada por su gran devoción a los negocios. Algo raro en España donde la regla general de vida es: “Nunca hagas hoy lo que puedas dejar para mañana”.

Al parecer, gozó de poco tiempo libre, logrando así otra rara distinción en España: cumplir 38 años sin haber conocido a su amor. Su afición por las mascotas, además de hacer dinero, fueron prioritarias.

Se trata de un hombre honrado a lo largo y ancho de Sevilla por su caridad.

Un día temprano por la mañana, dos guapas chicas, Paquita Vasquez y Rosita Ortiz, llamaron a su puerta.

“Somos las chicas de a lavandería”, dijo Paquita, “y sabiendo que es un hombre rico y caritativo, queríamos preguntarle si podría hacer algo por una de nuestras compañeras, que es viuda, tienen 6 hijos y está viviendo en una destartalada buhardilla”.

“Le enviaré 200 pesetas ($ 4O) hoy “, dijo Don Alsina,” pero ¿por qué no ha venido la pobre viuda ella misma a pedir ayuda? Todos saben que soy accesible para cualquier persona humilde que necesite asistencia.

“Nuestra pobre amiga -respondió Paquita, “es vieja y … y ella ha perdido toda su belleza, Señor”.

loteria-sevila“Pero nunca me negaré a dar limosna porque la edad haya robado su buena apariencia”, dijo Don Alsina. “Debe de haber alguna otra razón por la cual ella no haya venido”.

Las chicas rieron intercambiando miradas. “La verdad es…”, dijo Rosita, “que nuestra amiga pensó que conseguiría más dinero de usted si éramos nosotras las que contásemos su historia, al ser más guapas, señor”.

Don Alsina se echó a reír y las chicas se sonrojaron.

“Bueno, parece que a esa viuda igual la edad le ha privado de su belleza, pero ha aumentado su sabiduría. Les daré 300 pesetas. Y ahora, ¿qué puedo hacer por las encantadoras representantes que ha elegido con tan buen criterio?”.

 “Dejamos eso a su propia generosidad, señor -dijo Paquita-. Nosotros solo somos pobres lavanderas que trabajan duro”.

“Les diré qué voy a hacer”, dijo Don Alsina. “Ayer compré este boleto de la Lotería Nacional. El sorteo es la próxima semana. Envíenme una papeleta con los nombres de las 5 lavanderas más bonitas de Sevilla y si gano el gran premio ($ 5000), lo dividiré entre las 5. Y cualquiera que sea el premio, también me comprometo a dividirlo, si toca”.

Las noticias traídas por las muchachas. causaron un gran revuelo entre las lavanderas, las cuales decidieron que eran ellas mismas las que debían votar para nombrar a las cinco candidatas.

La votación fue a orillas del Guadalquivir, donde solían limpiar la ropa. Las cinco elegidas fueron Manuela Pinedo, Rosita Ortiz, Paquita Vasquez, Encarnancia García y Lola Fernández.

Todas las noches restantes hasta el día del sorteo las candidatas rezaron devotamente para que el boleto con el número 1807 ganara el premio.

Sin embargo, sus amores no mostraron el mismo entusiasmo, ya que temían no ser correspondidos una vez ellas ganasen el gran premio. Los acontecimientos demostraron que todos ellos sabían del inconsciente de la mente humana en la misma medida que lo hizo la viuda.

El boleto No. 1807 ganó el gran premio. Cuando llegó el telegrama desde Madrid anunciándolo, las cinco hermosas lavanderas y sus familias se volvieron locas de alegría.

Don Alsina las recibió en su mejor apartamento y realizó un bonito discurso, declarando que nunca algo así le había proporcionado tanto placer y alegría, y que se sentía plenamente preparado para cumplir su promesa y dividir el premio entre las 5 chicas.

“No desearía nada más que ser su esposa en prueba de mi gratitud, dedicando toda mi vida a usted”, dijo la mujer de ojos negros Rosita. “Y nosotras también”, exclamaron las otras 4 en coro.

“No puedo casarme con las cinco”, contestó Don Alsina, “pero eso de elegir va más allá de mi deber, así que con su permiso propongo recurrir a la lotería de nuevo en este asunto. ¿Están de acuerdo?”.

“Sí, señor. Respondieron las cinco chicas”.

Don Alsina escribió su nombre en un trozo de papel y lo dobló. Las cuatro restantes papeletas estaban en blanco. Las mezcló todas en un sombrero. “Y ahora, de las cinco mujeres más bellas de Sevilla, la que saque la papeleta con mi nombre me ganará como marido”.

La suerte cayó para Manuela. Ella eligió el trozo de papel sobre el que Don Alsina había escrito su nombre. Pero de alguna manera Manuela no parecía tan extasiada con la perspectiva de abandonar su vida de “chica de lavandería” por el lujo de un palacio.

Sin embargo, Don Alsina pareció no notarlo.

“Quiero invitarles a todas a comer, y mientras lo preparan les enseño el resto de la casa”.

Mientras paseaban por los establos, vieron tres carruajes y dos automóviles. Fue entonces cuando Manuela lo apartó a su lado.  “Tengo una confesión que hacer, señor”, dijo ella. “Me gusta muchísimo, pero si yo fuera su esposa, no lo haría tan feliz como se merece. ¿Por qué no me da uno de sus móviles en su lugar? Sin duda Rosita sería mejor esposa de lo que sería yo, y además ella estaría complacida de ser su esposa.

El anfitrión estaba de acuerdo. La verdad es que era una cuestión que le resultaba indiferente.  Trataba el matrimonio como una lotería y quería aprovechar la oportunidad.

Rosita aceptó con mucho gusto ocupar el puesto de Manuela como prometida y dos semanas más tarde, se casaron. Tras una luna de miel por Italia regresaron al palacio de Don Alsina, donde, según sus amigos, viven felizmente.

 

(English version)

Rosita Ortiz, wife by lottery

If there is something I love from this section is to discover this type of stories of Spain that today sound surrealists.

This 1906 piece in “The San Francisco Call” tells the story of how Rafael Alsina, a wealthy Sevillian from Triana quarters, finds a wife, laundress Rosita Ortiz, for a bunch of circumstances that could be summed up in “winning the lottery “.

Summary: a rich Sevillian, characterized by his solidarity with people in need, receives two laundry maids in his palace. They ask for 200 pesetas to be able to give to another friend that has widowed and that it must maintain its six kids.

rafaelMr. Alsina asks why she didn’t go by herself. They tenaciously clarify that, according to her peer, beauty and youth attract more money, and she was old to achieve these goals.

After that humor and wisdom of the widow in business, the Andalusian gentleman donates them 300 pesetas and tells them that he will buy a lottery ticket in compensation for being such good messengers.

“Take the five most beautiful washerwomen in Seville and, if you play the lottery, I will distribute the prize among all of them,” he promises.

The unthinkable happened and, after meeting with the five chosen in his palace, fulfilled his promise. Swamped by their nobility and altruism, they all offer him to play a drawing to see what his wife might be.

Nevertheless, the prize-winner really gave up not being recognized in such a distinguished environment, giving the place to Rosita Ortiz, one of the 5 most beautiful laundress in Seville.

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