El Día a día

Sexo, sudor y cuero para una mañana de domingo

Aviso: El vídeo de 2 minutos ofrece una visión edulcorada del festival. No obstante, se desaconseja visualizarlo en presencia de niños o en un contexto de trabajo. 
Warning: This 2 mins video offers a light version of the event. Nevertheless, it is not suitable for viewing with kids or in work context. 

Las campanas de la iglesia retumban y se cuelan por las calles colindantes de la ciudad, llamando al rezo a los últimos y apurados fieles.  Una mañana de domingo soleada y bastante calurosa para tratarse de un día de septiembre en San Francisco.

A pocos bloques de distancia, una pareja de octogenarios apura el paso una vez superadas las angostas colinas de la metrópolis. Seguramente lleguen tarde a su rutina dominical tras dar con el vestuario más apropiado.

Doblan la esquina que deriva a una calle perfectamente vallada. No parecen sorprendidos. Es más, cruzan lo que en apariencia diría es un control de seguridad.  Comienza su excéntrica y única liturgia.

Con movimientos y zarandeos lentos y patosos, apoyados el uno del otro, ambos se desnudan. En eses momento se adivina su piel arrugada y ligeramente apretada con ajustados y minimalistas atuendos de cuero que remarcan partes comprometidas.

A continuación, ella saca una correa de su bolso vintage y con ella ata a su marido del cuello, como si de un perro sumiso y complaciente se tratara.  Sus cuerpos finalmente se desvanecen entre la marabunta de figuras desnudas que asisten al festival. Bienvenidos a Folsom, donde no cabe nada ajeno a la extravagancia sexual.

Cerca de 34 años a latigazos

Folsom es un festival anual callejero de San Francisco en torno a la cultura del cuero y el BDSM (Bondage-servidumbre-, dominación, sumisión, disciplina, y sadomasoquismo). Cuenta con cerca de 34 años de historia, y sus orígenes están íntimamente ligados a la constitución de barrios gays en la ciudad. Algo que se deja adivinar en el festival ante una predominancia de hombres con respecto al público femenino.

IMG_3359La fiesta transcurre a lo largo de varios bloques del céntrico barrio de Folsom. Para poder acceder sólo precisas superar los 18 años de edad y, de manera voluntaria, realizar un donativo de 10 dólares destinado a causas solidarias. Junto con la entrada, un descuento para cervezas y unos cuantos preservativos.

Reconozco que mis sentimientos en este festival comenzaron con puras contradicciones. “Tienes que ir aunque sea sólo una vez. En la vida verás esto en Europa”, me animaba una pareja de amigos europeos; “Ni en broma pongas un pie allí, es pervertido y de mal gusto. Aún tengo pesadillas de lo que llegué a ver…”, me advierte una americana al exponerle la posibilidad de pasarnos.

Creo que la decisión que tomé queda clara a juzgar por el post y el vídeo que podéis leer/ver en el blog.

“Participativo” y sin censuras

En Folsom no todos van desnudos, aunque sí una buena parte se enfundan en cueros. Unos simplemente insinúan o presumen de nalga y pecho, otros exhiben sus partes más íntimas sin importarles mostrar excitación, mientras los hay que optan por un disfraz pecaminoso o simplemente extravagante.

También es recurrente el uso de una máscara estrambótica, ya no sólo por transgredir, sino por mantener el anonimato. Nunca sabes dónde pueden estar haciendo fotos tus compañeros de trabajo.

IMG_1316

Entre los entretenimientos del festival: música, expositores de productos principalmente sadomasoquistas, stands de agrupaciones en defensa de las minorías sexuales, zonas “recreativas” y participativas como el espacio de azotes, áreas de atado sumiso con cuerda, guarderías “humano-perrunas” (humanos con comportamiento canino),  actuaciones en directo y fiestas “privadas” eminentemente gays en determinadas casas colindantes, aunque creo que ésta última puede ser que sea ajena a la organización.

Libertad de expresión vs libertinaje, el eterno tira y afloja

Folsom es un plato extremo en el ámbito de los festivales erótico-sexuales. Deja las celebraciones del Orgullo Gay o el Salón Erótico de Barcelona a la altura del betún en cuanto a lo explícito y transgresor. Algo que resulta chocante en un país donde un pezón en televisión es pixelado.

No hablamos de homosexualidad, mucho menos de desnudez. Ahí no radica el factor diferenciador.

Primero, estamos hablando de un festival sadomasoquista y, como tal, partimos de un público aficionado a juegos sexuales poco convencionales y minoritarios muchas veces basados en el placer a través del dolor. Y no, no es al estilo “50 Sombras de Grey”.

IMG_3323

Segundo, se trata de un festival participativo. La frontera entre espectador y espectáculo es mínima, basándonos en que gran parte de los asistentes puede suponer una atracción en sí misma.

Y tercero, quizá lo que afectó más mi vulnerabilidad, fue el factor público. Por lo general las fantasías más extravagantes, o incluso las relaciones más convencionales, quedan en un ámbito privado, con luces tenues que acompañan al secretismo. En Folsom, la teoría es sacarlas a la luz. A la luz de un domingo de septiembre, entre las 11 de la mañana y las 6 de la tarde.

Estos tres factores juntos ocasionalmente pueden provocar situaciones en donde determinados asistentes descontrolan sus parafilias voluntariamente, o involuntariamente con ayuda química. De ahí que se requieran unas mínimas bases marcadas por la organización y el apoyo del cuerpo policial y sanitario presente en el festival.

IMG_1327

Obviamente, con esta combinación, la polémica en torno a su celebración siempre está servida. Los hay que opinan es el mayor exponente de “libertad sexual”, mientras que para otros es “el libertinaje extremo y la obscenidad jamás vista”.

Lo que está claro es que, de surgir en Estados Unidos, sólo podía haber sido en San Francisco, donde el concepto de disidencia se presenta en su máximo exponente y en donde la heterodoxia no deja espacio a las medias tintas.

¿Un festival para todos? Ni aún queriendo 

Si alguien me pregunta si me arrepentí de ir a Folsom, mi respuesta es claramente NO. Se trató de una experiencia diferente, que presenta minoritarias maneras de interpretar los conceptos sexo y libertad.  Independientemente de que quedes o no convencido de su prisma (tampoco lo pretenden), es necesario acercarse a él para poder después construir tu criterio personal.

IMG_3356Igualmente también reconozco que no incitaría a todo el mundo a vivirlo . Ni en broma. Los factores religiosos, culturales, sexuales o de otro rango resultan determinantes para recomendar ver Folsom.

Justo hace poco me preguntaron si este año volveré a ver el festival. Mi respuesta, a día de hoy (quién sabe luego) es NO. ¿La razón? Primero, mi interés (¿o morbo?) por el festival, como mujer y periodista curiosa, ya ha sido saciado. Segundo, se trata de una temática que no tengo afán personal en practicar. Es como apuntarse a nadar sin gustarte el agua.

Se trata de experiencias que me gusta recordarlas tal cual las conservo ahora. Un exceso resultaría reiterativo, cansino y sin sentido para mí. Prefiero recordar con media sonrisa instantáneas tan auténticas como aquella pareja anciana que, atada con correa, paseaba junta por Folsom. De la mano. Y con el culo al aire.

(English version)

Sex, sweat and leather for a Sunday morning

The bells of the church rumble and seep through the adjoining streets of the city, calling to prayer the last and rushed believers.  A sunny Sunday morning and quite warm for a September day in San Francisco.

A few blocks away, a couple of octogenarians make their way walking the steep hills of the metropolis. They are probably late for their Sunday mass after finding the most appropriate clothes.

They turn on the corner that leads to a perfectly fenced street. They do not seem surprised. What’s more, they cross what I would apparently say is a security checkpoint.

It begins its eccentric and unique liturgy.

With slow and clumsy movements, leaning against each other, both get undress. At this point you can guess his wrinkled and slightly skin with tight and minimalist leather outfits that mark their modest parts.

She then pulls a leash out of her vintage purse and with it, she ties her husband by his neck, as if a submissive and accommodating dog was involved. Their bodies finally vanish amomg the marabout of naked figures attending the festival. Welcome to Folsom, where all it is connected to sexual extravaganza.

About 34 years of lashing

Folsom is San Francisco’s annual street-based festival around the culture of leather and BDSM (bondage, domination, submission, discipline, and sadomasochism). It has about 34 years of history, and its origins are intimately linked to the constitution of gay districts in the city. Something easy to guess for the predominance of men comparing to feminine public.

IMG_3359The party runs along several blocks of the central Folsom neighborhood. To be able to access, you must only exceed 18 years of age and, voluntarily, make a donation of 10 dollars for solidarity causes. Along with the entrance, a discount for beers and a few condoms.

I recognize that my feelings about this festival began with pure contradictions. “You have to go even just once in your life.  You will see this in Europe”, I was told by Europeans. “Do not jokingly put a foot there, it’s perverted and tasteless. I still have nightmares of what I came to see … “, warns an American while exposing her the possibility of coming over.

I think the decision I made is clear to judge by the post and the video that you can read / see on the blog.

“Participative” and uncensored

In Folsom not all go naked, although a good part is covered in leathers. Some simply insinuate or brag about a perfect buttocks and chest, others exhibit their most intimate parts without caring to show excitement, while some opt for a sinful or simply extravagant custom.

It is also recurrent the use of a bizarre mask, not only for transgressing, but for maintaining anonymity. You never know where your co-workers may be taking photos.

IMG_1316Among the entertainments of the festival: music, exhibitors of mainly sadomasochistic products, stands of groups in defense of sexual minorities, “recreational” and participatory areas such as spanking space, submissive areas, for cording, “human-dogs ” nurseries (humans with canine behavior), live performances and “private” eminently gay parties in certain adjoining houses, although I think the latter may be out to the organization.

Freedom of expression vs debauchery, the eternal tug of war

Folsom is an extreme dish in the realm of erotic-sexual festivals. It leaves the celebrations of Gay Pride or the Erotic Festival of Barcelona like the most naïve festivals ever in terms of explicit and transgressor. Something that is shocking in a country where a nipple on television is pixelated.

We do not talk about homosexuality, much less nakedness. That is not the differentiating factor.

First of all, we are talking about a sadomasochistic festival and, as such, we start from an audience that is fond of unconventional and minority sexual games, often based on pleasure through pain. And no, it’s not “50 Shades of Grey” style.

IMG_3323

Secondly, it is a participatory festival. The border between spectator and spectacle is minimal, based on the fact that a large part of the audience can be an attraction in itself.

And third, perhaps what most affected my vulnerability was the public factor. Usually the most extravagant fantasies, or even the most conventional relations, remain in a private sphere, with dim lights that accompany secrecy. In Folsom, the theory is to bring them to light. In the light of a Sunday in September, between 11am and 6pm.

These three factors together occasionally can lead to situations where certain assistants mess their paraphilias up, voluntarily or involuntarily with chemical aid. Hence, it is necessary to have minimum bases marked by the organization and they count with the support of the police and health personnel present at the festival.

IMG_1327

Obviously, with this combination, the controversy surrounding its celebration is always served. There are those who think is the greatest exponent of “sexual freedom”, while for others it is “extreme debauchery and obscenity never seen in a festival.” What is clear is that, in the United States, it could only have been in San Francisco, where the concept of dissidence is its best and where heterodoxy leaves no space for something in the middle.

A festival for everyone? Not even if I wanted to

If someone asks me if I regret going to Folsom, my answer is clearly NO. It was a different experience, presenting minor ways of interpreting the concepts sex and freedom. Regardless of whether or not you are convinced of its prism (they do not pretend), it is necessary to approach it to build your personal criterion.

I also recognize that I would not encourage everyone to live it. Religious, cultural, sexual, or other factors are key factors in recommending Folsom.

IMG_3356Just recently I was asked if this year I will see the festival again. My answer, to this day (who knows later) is NO. The reason? First, my interest (or morbid?) for the festival, as a woman and a curious journalist, has already been satiated. Second, it is a subject that I have no personal desire to practice. It’s like taking swimming classes when you don’t like the water.

These are experiences that I like to remember as I keep them now. An excess would be repetitive, tiring and meaningless to me. I prefer to remember with a smile on my face that authentic moments like that old couple who, strapped, walked together by Folsom. Holding hands. And with their asses out.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s